El Matrimonio y las Uniones de Hecho o Convivencia


A propósito del “pacto de unión civil”, interesante es comentar las diferencias que existen a nivel legal, entre el matrimonio y la unión de hecho o “convivencia”.

Comúnmente oímos decir que “convivir” es lo mismo que “estar casados”. Puede ser en cuanto al sentimiento y compromiso que rodea la relación, mas, desde el punto de vista jurídico, ello no es tal.

Comenzando por el inicio de la vida en común, el matrimonio está envuelto de formalidades que permiten contar con un fecha cierta del momento en que el matrimonio comienza a surtir sus efectos; por su lado, la “convivencia” carece de cualquier tipo de formalidad legal en sus comienzos, por lo que todo derecho que se quiera invocar a partir de esta relación, requerirá de medios de prueba que entreguen señales del momento de su inicio, siempre quedando alguna duda ello. Ahora bien, ¿cuáles son estos efectos?: precisamente aquellos que más interesan: los hijos y los bienes. Empecemos por los bienes: en el matrimonio existen tres regímenes a los cuales se puede optar (sociedad conyugal, participación en los gananciales y separación de bienes) cada uno de los cuales definirá la situación a la que se queda afecto una vez casados. El más típico y recurrente es la sociedad conyugal, en el que lo que se adquiera onerosamente durante el matrimonio es de propiedad de ambos y, por lo tanto, una vez disuelto el vínculo, deberá distribuirse equitativamente Las uniones de hechos, en cambio, carecen de toda regulación en este sentido, de modo tal, que las cosas que la pareja adquiera durante su vida en común pertenecen a quien la adquirió, sin posibilidad que el otro, aún cuando haya contribuido a ello, resulte beneficiado una vez disuelta la relación, situación que normalmente deja a uno de los convivientes totalmente desvalido. Misma cosa ocurre respecto a los efectos patrimoniales entre ambos, toda vez que, si bien el matrimonio ampara a los cónyuges concediendo la obligación de dar alimentos a aquel que no puede valerse por sí mismo, la unión de hecho no obliga a nada, a pesar que ambos, en su momento, se hayan ayudado y colaborado en la construcción de la vida en común. Otro tanto ocurre con la compensación económica, suerte de indemnización a la cual tiene derecho, una vez disuelto el matrimonio, aquel cónyuge que se haya visto menoscabado económicamente por haber renunciado total o parcialmente a su vida profesional para dedicarse a las labores del hogar común; ya que, aunque esto mismo se produzca en la unión de hecho, el conviviente que se desarrolló profesionalmente ninguna indemnización debe al otro al terminar la relación.

Por último, ¿qué ocurre con los hijos comunes? Felizmente no hay diferencias legales entre hijos matrimoniales y no matrimoniales en cuanto a derechos, sin embargo, hay una distinción entre tener hijos dentro del matrimonio y no hacerlo: los hijos matrimoniales gozan de una presunción de paternidad por la cual se presume que el menor nacido durante la vigencia del matrimonio es hijo de las personas que lo conforman; en cambio, el niño no matrimonial, necesariamente debe ser reconocido por sus padres –cosa que se hace al momento de la inscripción-, toda vez que carece de esta presunción de paternidad.

Es posible que, estos hechos para algunas personas no tengan mayor importancia, pero en el aspecto legal, no se puede decir que convivir es lo mismo que estar casados.

Por Gigliola Carlevarino Weitzel, Abogada.